Es menester que por sobre las miserias diarias resuenen las victorias de la Humanidad, las promesas eternas de la capacidad del hombre para superarse y superar las dificultades – que son muchas y muy conocidas -; para saber que estamos a salvo. Y en esta nueva sociedad, la ciencia y la tecnología parecen ser llamadas a crear la nueva solidaridad y romper el aislamiento. Surgen entonces Youtube, Facebook, los SMS: todos más cerca, que no unidos. Así aparecen, también, las series científicas – porque todo tiene que formar parte del espectáculo -, donde ciencia y tecnología juegan un papel central y primordial en la trama. Estas nos reconfortan con varias seguridades: siempre se utilizan bien y para el bien; por sobre cualquier tipo de interés económico. Los grandes científicos trabajan para el bien público. Y estos científicos siempre, tarde o temprano, descubren la fórmula salvadora, el antídoto, la prueba que sirve a la justicia, al bien común. Estamos seguros. Y, además, la ciencia no parece tan difícil: House se sienta, habla, tira ideas, hay un brain storming, hacen unas pruebas y poco más. Dejan, capítulo tras capítulo, muy clara la capacidad casi infalible de diagnostico del Dr. Gregory House, y por extensión del Hospital Universitario Princeton-Plainsboro. En Numb3rs, las ecuaciones se ajustan a la sociedad como un guante. Pero la realidad de la ciencia resulta ser mucho más compleja que eso.
Evidentemente, frente a estas tendencias, los llamados de atención no se hicieron esperar. Es conocido el lanzado hace poco más de una década por Alan Sokal. Si bien es un respetado físico-matemático, el público en general solo lo conoce por su crítica al post-modernismo, que en 1996 diera lugar al llamado «Sokal-affair». Este consistió en una «broma» (por llamarla de alguna manera) perpetrada a los editores y lectores de una respetada revista de estudios culturales postmodernos, Social Text, publicado por la Duke University Press. Sokal envió un texto (Transgressing the Boundaries: Towards a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity - Transgrediendo los límites: Hacia una hermenéutica transformadora de la gravedad cuántica) a fin de publicarlo en la referida revista universitaria como un experimento: verificar si una revista típica del área señalada, «publicaría – en palabras de Sokal - un artículo libremente aderezado con sinsentidos si: (a) esto sonaba bien, y (b) si era favorable a las percepciones ideológicas de los editores». Esta «broma» fue seguida por la publicación del libro Imposturas intelectuales, de Alan Sokal y Jean Bricmont. (Ed. Paidós, con traducción de Joan Carles Guix). En este libro Sokal discutía y criticaba el uso «fuera de contexto» de un lenguaje científico para aparentar seriedad y/o conocimiento, y así «respaldar» ideas o argumentos que eran, al menos, poco claras.
Pero a pesar de esos importantes llamados de atención, estamos viviendo un verdadero «bombardeo» de (pseudo) ciencia mediante series de televisión - Numb3rs, La Hora 11, Bones, House, CSI - y películas - Outbreak (Epidemia), Chain Reaction (Reaccion en cadena), The Saint (El Santo), Armaggedon, Independence Day (Día de la Independencia), Deep Impact (Impacto Profundo) - . En todas estas series y películas, aunque no sea claro para el público general, se evidencia una tendencia a «banalizar» (es decir, a trivializar y a simplificar casi hasta el absurdo) diversos aspectos y facetas de la ciencia, que son de gran relevancia; que merecerían y deberían ser tratados o analizados con mayor cuidado. Por ejemplo, que la investigación no avanza gracias a «chispazos» de «inspiración divina» (aunque a veces, muy pocas, ocurra) sino por un trabajo continuo y minucioso, que muchas veces resulta hasta decepcionante. Thomas A.Edison dijo que «el genio es un 1% de inspiración y un 99% de transpiración». Pero este hecho jamás se ve reflejado en estas series. En ellas se presenta a la ciencia como un mero conjunto de recetas, casi conjuros, que sólo deben ser recordados oportunamente – casi siempre por pensamientos encadenados que, de la nada y por mera coincidencia llevan a un final feliz – para ser aplicados sin mayores problemas. Cuando en la realidad las aplicaciones en ciencia no son ni tan fáciles ni se pueden invocar por medio de fórmulas con nombres conocidos.
Pasemos a analizar algunos pocos ejemplos.
En Numb3rs, tenemos a los hermanos Epps: Charlie, un muy brillante (¡brillantísimo!) matemático, y Don, un agente del FBI. El primero ayuda al segundo colaborando con el FBI en la resolución de casos de secuestros, atentados, estafas y un larguísimo etcétera, mediante un análisis y modelado matemático de las situaciones a investigar. Si bien los términos y teorías a las cuales hace referencia existen, y en ciertos contextos pueden tener sentido, en la serie se suelen mezclar de manera bastante arbitraria y, por que no, fuera de contexto.
Siempre apoyándose en la genialidad del personaje central, y en las de su novia Amita Ramanujan, también matemática, y por supuesto brillante - ¿será casualidad que su apellido coincida con el de Srinivasa Ramanujan, un verdaderamente brillante matemático hindú (1887- 1920)? - y de su amigo Larry Fleinhardt (astrofísico , obviamente genial), le permite hallar la solución a problemas que numerosos científicos (evidentemente menos brillantes, pero más reales) llevan años estudiando sin llegar a resultados definitivos.
En el capítulo inicial de la nueva temporada de Numb3rs nos encontramos con que, a fin de capturar a un ex-agente del FBI, supuesto traidor, que se ha fugado y estaría a punto de irse a China, se habla de realizar un «despliegue por cubrimiento de conjuntos». Según indica el personaje, este método es el utilizado para diseñar de forma eficiente la ubicación de faros en la costa, de manera que alguno sea siempre visible para un buque. Eso requiere, por supuesto, un conocimiento detallado de la topografía del terreno. En el caso que trata este capítulo, salvo el plano de la ciudad con sus avenidas, calles y callejones, líneas de autobús y de metro, no parece ni sencillo ni inmediato incluir taxis, coches particulares, bicicletas, y menos aún incluir la idiosincrasia de los perseguidos. Posteriormente surgen evidencias que indican que el supuesto traidor estaría colaborando con otra agencia de seguridad a fin de descubrir un topo. Entonces se habla de utilizar «lógica difusa» y combinarla con una «medida de confianza» - esto último, basado en una tesis de la época de estudiante de Charlie - a fin de obtener un «índice»: el todo de un ser humano reducido a un número, justamente lo opuesto a lo sugerido por (el realmente brillante) Issac Asimov en su trilogía sobre «La Fundación», y su creación: la «psico-historia».
Luego hablan de «desarrollar expresiones para quitar desorden» (¿qué habrán querido decir con esto?), y luego a un «algoritmo para descartar tipos de barcos». ¿De donde se obtuvo el algoritmo? Si no se tenía a priori, el desarrollarlo y probarlo puede llevar muchísimo tiempo. Lo más lógico y rápido, sería revisar los registros de barcos que partieron hacia China, o cuya ruta podría ser sospechosa. Como lo hubiese hecho un personaje de Dashiell Hammet.
En otros capítulos han hecho referencia a utilizar la ecuación de Fokker-Planck para determinar el comportamiento de unos ladrones de bancos y predecir el lugar y momento del próximo asalto. Una ecuación de Fokker-Planck no se aplica, sin más. Resulta de haber supuesto un modelo para el comportamiento del sistema (en este caso social) en estudio. Modelo que deber ser validado, comparándolo con casos simples (modelos de votantes con dos partidos, por ejemplo) antes de pretender siquiera utilizarlo. Es decir, tales modelos son objeto de estudio y análisis permanente, no hay abracadabras para elaborarlos. ¿O será que los científicos reales no son tan geniales como el personaje de esta serie? La historia de la ciencia no esta hecha por personajes de ficción.
Por otro lado, en La Hora 11, la trama también gira alrededor de un (nuevamente) brillante científico, Jacob Hood, bio-físico que colabora con el FBI en la resolución de distintas situaciones de conflicto. En esta oportunidad la acompañante (o guardaespaldas) es Rachel Young, agente del FBI. La brillantez del Dr. Hood es tal que, a fin de hallar la respuesta a algunos de los problemas que se le plantean, puede completar apenas en horas experimentos que a un científico real le llevaría años, y además lo hace con un equipamiento mínimo. Por ejemplo, secuenciar o realizar «alteraciones» del ADN, clonación, o reobtener el proceso para producir una molécula muy complicada. En uno de los capítulos iniciales un personaje reconoce al Dr. Hood, y le comenta su sorpresa o desilusión por que no le hayan otorgado el premio Nobel. Nunca se aclara por qué podría haber recibido tal premio. Y, más extraño aún: ¿cuánta gente puede reconocer a un afamado científico por la calle? quizás la única excepción sería Stephen Hawkins.
En uno de los episodios recientes de esta serie, un manantial de agua produce una reacción antitumoral en un niño. Analizada el agua por los médicos, esta no muestra nada extraño. Sin embargo, posteriormente, las personas que han bebido (exclusivamente) agua del manantial comienzan a enfermar. Si bien un estudio del origen del acuífero indica que este se encuentra en una base militar, en la cual se almacenaron residuos radiactivos, una inspección de la planta muestra que ésta se encuentra limpia. La casualidad hace que Jacob Hood se cruce en la carretera con un mapache a plena luz del día; lo que le permite deducir que el animal tiene que haber bebido agua pesada (D2O), pues esta altera los ritmos circadianos –aunque, obviamente, existen infinidad de motivos que pueden alterar dichos ritmos -. El agua pesada, que no es radioactiva, esta compuesta por moléculas de agua en la cual el Hidrógeno ha sido reemplazado por un isótopo más pesado, el Deuterio. Hood verifica que una muestra de agua extraída del manantial corresponde a D2O (con un método casero). Luego descubren el lugar donde unos terroristas la producían con un método que se podría calificar de «chapucero», y que solo permitiría fabricar unos pocos litros por día. Por otro lado, son las pérdidas que se producen en dicho proceso las que alimentan el manantial. Pero, ¿cuántos litros serian necesarios para alimentar el manantial que tiene una corriente constante (o al menos así lo parece) durante días? Recordemos que un día tiene 1440 minutos. Si el manantial tuviera un flujo de un litro por minuto (que no es mucho), tendríamos que al cabo de una semana este habría producido unos 10000 litros. Entonces, ¿cuánto D2O deberían haber producido para que sólo con las pérdidas del proceso de fabricación se hubiera podido alimentar tal manantial?.¿O sería que no toda el agua del manantial era D2O, sino que estaba mezclada con H2O (y también con moléculas intermedias: DHO)?. En ese caso, que es más realista, se plantean dudas sobre si el método utilizado por Jacob Hood para probar que la muestra era de D2O hubiera funcionado.
Es importante destacar que el hecho (ficticio) de que un niño que padece cáncer se cure por beber agua del manantial, o sea D2O, podría inducir en algunos sectores sociales la falsa esperanza sobre la posibilidad de curar el cáncer bebiendo agua pesada. ¡Más bien, lo que se conseguiría, es envenenar a la persona!
Por otro lado, ¿para que querrían los terroristas producir D2O? Ha sido importante en las investigaciones nucleares, pero el D2O por sí mismo no permite fabricar ningún tipo de bomba nuclear.
Ya sin entrar en demasiados detalles, en Bones el personaje es (obviamente) una brillante antropóloga, la Dra. Temperance Brennan, que trabaja en el Instituto Jeffersonian y colabora con el FBI en la resolución de diversos casos, particularmente asesinatos. El detalle a destacar es que no solo conoce de antropología y la problemática relacionada, sino también de física cuántica, astrofísica, y cualquier otro tema que pueda surgir en la mente del guionista. Es indudable que la ciencia forense (la de verdad) se ha enriquecido con los desarrollos científicos, y ha avanzado muchísimo, permitiendo resolver delitos que tan solo unos pocos años atrás parecían ser irresolubles. Sin embargo, las capacidades y recursos de los personajes de estas series (incluyendo CSI, NCIS) adquieren características casi «mágicas».
El mensaje «subliminal» que parece desprenderse de alguna de estas series es: si eres culpable, te descubriremos, y por más tiempo que transcurra nunca estarás a salvo. Por el contrario, el mensaje de otras es: no temas, estás seguro, estás a salvo; pase lo que pase encontraremos la solución, el antídoto, evitaremos el desastre.
En cuanto a las películas, merece destacarse la carencia de límites para la eliminación o control de una epidemia, y de recursos para hallar una cura casi instantánea a enfermedades (Epidemia). O el descubrir en forma «milagrosa» cómo controlar y explotar un experimento hasta el momento incontrolable (Reacción en cadena), o una fuente «barata» de energía (El Santo) basada en la idea de la «fusión fría», de la cual, dicho sea de paso, no hay pruebas científicamente reconocidas que la sostengan. Y mejor no entrar en detalles sobre la reciente Ángeles y Demonios.
También merece ser destacado que todos los personajes, genios científicos, de estas series y películas son siempre ciudadanos de Estados Unidos (atención: no «americanos» –pues nunca se hace referencia a chilenos, brasileros, ecuatorianos, argentinos-, ni tan siquiera norteamericanos –no hay canadienses ni mexicanos-). Por otro lado, si aparecen científicos «malos», estos son, en general, extranjeros, típicamente de Europa del Este u Oriente. Los genios de estas series parecen ocupar el lugar que dejaron vacío los Súper Héroes. Pero ahora parecen más cercanos al ideal del Übermensch, porque en este caso sí habría una autosuperación.
Es importante señalar que los científicos, en general, saben de una cosa, son especialistas; no existe tiempo para convertirse en experto en varias ramas, es simplemente imposible: harían falta unas cuantas vidas. En la actualidad, la idea de un Da Vinci no sólo no es posible, sino que es descabellada. No hay tiempo para absorber toda la información. A lo sumo, uno puede convertirse en un lector superficial, pero no llegar a convertirse en un experto. De allí la importancia creciente de los equipos de investigación interdisciplinarios a fin de enfrentar problemas que cruzan las fronteras de las especialidades tales como las cada vez más numerosas situaciones en biología (por ejemplo, el plegamiento y transporte de proteínas, la morfogénesis).
No cabe duda que es de gran importancia el conseguir hacer llegar los conocimientos o la cultura científicos al gran público, pero ello no debería hacerse al precio de banalizarla. Hay que lograr no solo concientizar científicamente al público, sino también atraer a jóvenes inteligentes a su practica, no espantarlos con imágenes deformadas sobre los científicos Y es que en estas series, siempre, siempre, encontramos un genio. Con todos los preconceptos propios de la idea hollywoodense de genio: es un tonto social. Uno podría preguntarse cómo una antropóloga forense, como la Dra. Brennan puede ser buena en su especialidad si carece de todo entendimiento de los patrones que rigen a la sociedad en la cual ella misma interactúa. En la ciencia hubo y hay muchos genios. Pero hubo y hay muchos otros que simplemente trabajan quemándose las cejas. Y genios como Albert Einstein o Richard Feynman, no eran ningunos idiotas sociales. Pero parte de la banalización es el armado de estereotipos estancos. En ellos, el observador, sabe que él no es un genio matemático, pero sabe que ese genio matemático adolece de muchas de las habilidades que él sí posee. Una especie de premio consuelo que otorga la «magia» de la televisión.
El tipo de banalización al que nos referimos es muy peligrosa. Muchos jóvenes creen que ya existe la cura del SIDA. ¿Cómo podría ser de otra forma? No es sólo desinformación. Las series gritan que encontrar una cadena de ADN, una cura para una enfermedad rara y mortífera es una cuestión de horas, de días a lo sumo. Si no, para ejemplo, basta ver la película Epidemia. Uno entiende que en la creación artística hay licencias creativas. Por supuesto. Sin ello, Isaac Asimov sólo hubiese sido un biólogo más. Pero no se trata de una serie puntual. Son muchas que han salido en un período de tiempo relativamente corto y que emiten un mensaje muy similar, casi estándar. Así, por medio de estas series-mensaje y sus héroes-genios se globaliza la ciencia. Porque el conocimiento, el know how, la técnica sólo esté en manos de unos pocos científicos y de unos pocos países.
Justamente cuando parece pedírsele todo a la Ciencia. El problema es que la ciencia se aleja de los hombres, que le piden (a veces, le exigen) explicaciones – incluso la ampliación de los límites de la vida –. Lo hacen porque su cuerpo es cada vez mayor, porque la ciencia, en lugar de hablar a través de los científicos, lo hace a través de peligrosos oradores y directores de rito que ocupan el lugar vacío que dejan los propios científicos: las series, o personajes como Al Gore (se lo premia a él, nuevo sacerdote ajeno al mundo científico –otorgándole una autoridad de la que carece pues, en todo caso, sus credenciales son políticas-, y no a los científicos que realmente estudian el cambio climático).
Sólo podemos recordar con añoranza producciones del estilo de Cosmos (Carl Sagan), Connections (James Burke), The ascent of man (Adrian Malone), la serie Life (David Attenborough). Pero quizás, para el criterio de algunos productores, no serían tan entretenidas y vendibles como las series que aquí comentamos. Por otro lado, podrían ser peligrosas, ya que quizás hasta educaran.
Horacio S. Wio es físico del Instituto de Física de Cantabria (IFCA) y Marcelo G. Wio Martínez es periodista.