Sólo una parte muy pequeña de los que hemos tenido la suerte de estudiar la carrera de física termina ejerciendo su vida laboral junto a Coriolis, Schrödinger, Heisenberg o Kepler, o aplicando —o teniendo encima de la mesa— un papel con lagrangianos, hamiltonianos o laplacianos. Curioso, ¿verdad? Pasamos unos cuantos años rodeados de estos conceptos, llegamos a entender el principio de incertidumbre cuando antes colocábamos cada partícula en su órbita y, sin embargo, cuando comienza la vida laboral nos damos cuenta de que aparentemente no utilizamos nada de aquello que durante los años de facultad nos han enseñado.
Las salidas profesionales de la física es un tema muy debatido y, desde luego, la docencia o la investigación son parte vital para el avance de la sociedad de nuestros días, donde los físicos tienen mucho que aportar. Pero, ¿y el resto de las competencias? Tenemos ante nosotros un mundo empresarial muy diverso, del que muchos físicos formamos parte.
Estudiar física no es sólo integrar, saber el spin o un coeficiente de refracción. Estudiar física es tener capacidad para no asustarse ante una ecuación complicada, es entender que no todos los problemas tienen una solución numérica que podamos recuadrar, es desarrollar una forma de ver lo que tenemos a nuestro alrededor de manera diferente. Es, en definitiva, ser capaces de entender nuestro entorno y plasmarlo en un papel.
Es curioso, pero cada vez son menos los jóvenes que quieren estudiar física, que no se ven fascinados por entender la materia y por las variables que la forman. Es normal oír que se quiere estudiar algo que «tenga salida», que les reporte una solvencia económica rápida y sin esfuerzo. Por contra, cuando escuchamos a directores de RR.HH., en su discurso es fácil oir que una parte importante de la plantilla son físicos, y que ocupan puestos tan diversos como personal técnico, de marketing o de dirección comercial. ¿Es esto un contrasentido? Desde luego que NO: estudiar física es desarrollar una capacidad y una forma de ver el mundo que laboralmente tiene su sitio en cada rincón de la empresa. Es como el agua, que se cuela por cada resquicio.
Cuando optamos a un puesto laboral no ofrecemos «pozos de potencial» sino la capacidad de haberlos entendido en un momento dado, de haber podido desarrollar matemáticamente las ecuaciones que los explican y eso es precisamente lo que la sociedad de nuestros días llama «innovación». Los físicos, gracias a nuestra capacidad, aplicamos esa nueva idea, ese nuevo concepto, a nuestro día a día con el fin de resolver nuestras tareas y ser cada vez más productivos. Como Einstein decía: «Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad». Es precisamente esa voluntad, la perseverancia y el tesón lo que nos hace que seamos versátiles y adaptables a lo que la empresa de nuestro tiempo demanda.
Desde la experiencia personal, tengo la suerte de llevar trabajando casi diez años para un gran multinacional, fabricante de ordenadores personales, Lenovo, y es curioso que en cuanto digo que he estudiado física, la primera asociación que se hace es: ¿trabajo en diseño? ¿tecnología? ¿programación? Nada más lejos que esas áreas y tan distinto a estos conceptos como lo es el marketing. Efectivamente, mi desarrollo laboral está enmarcado en el Marketing, y no es tan diametralmente distinto como parece.
El marketing tiene tres pilares básicos: fijar objetivos, analizar el presupuesto o los recursos para poderlos llevar a cabo y obtener unos beneficios de las acciones que se realicen. Parece simple, pero es lo suficientemente genérico como para que se adapte a lo que la física de forma intrínseca engloba: fija objetivos (entender nuestro entorno); cuenta con el mejor de los recursos (nuestra propia capacidad mental); y obtiene los mejores resultados (avanzar tecnológicamente).
Marketing y física aparentemente no tienen nada en común, pero la capacidad de aplicar nuevas ideas, de innovar en lo que nuestro día a día nos exige, de resolver problemas, de acometer proyectos, hace que muchos profesionales que partíamos de ecuaciones diferenciales estemos desempeñando puestos dentro del mundo laboral aparentemente opuestos a lo que escribíamos en las pizarras.
Física no es sólo una ciencia, es una forma de ver el mundo, de comportarse, de pensar, de analizar lo que tenemos a nuestro alrededor, y es precisamente eso lo que nos cualifica para el mundo laboral, para ocupar puestos ejecutivos, para ser versátiles y saber adaptarnos a lo que se nos demanda. No dejemos pasar la ocasión de que los estudiantes de hoy disfruten de la física y que la vean como lo que realmente es: una gran oportunidad y una base para su futuro desarrollo profesional.