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Todos los estudios efectuados hasta la fecha demuestran que, en la práctica, la posición religiosa de los hombres de ciencia es parecida a la del común de los mortales. Los científi cos son creyentes, agnósticos o ateos, en una proporción similar a la que se encuentra en la sociedad en la que viven o en el grupo social del que proceden. Un estudio fundamental
en este sentido es el del profesor Fernández Rañada, “Los científicos y Dios”.
El intento naturalista de ofrecer un modelo de universo que contenga una explicación meramente física de su propia existencia no funciona, porque cualquier modelo físico precisa
de un punto de partida también físico (algún tipo de campo, o materia, o vacío, o espacio-tiempo, etc.) que necesitaría, por su parte, una explicación.
En definitiva, nos encontramos ante un cúmulo de indicios que encajan bien con la existencia de un Dios personal, creador y estructurador del mundo, como explicación más plausible del universo, que nos describe la cosmología actual. Y este resultado permite hablar justifi cadamente de la “evidencia natural de Dios”. Al poner en conexión la cosmología actual con la teología, surgen numerosas preguntas y de diversa índole, a las que este libro pretende dar respuesta.
Cabe preguntarse en qué medida los argumentos teístas presentados son aptos para superar un cambio del escenario cosmológico. Se puede sostener razonablemente que los
hipotéticos avances de la cosmología en el futuro, antes traerán consigo un reforzamiento, que un debilitamiento de las evidencias naturales de Dios. En defi nitiva, este libro reúne una serie de estudios recientes dedicados a la exploración de las relaciones entre la cosmología física actual y la teología natural.
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