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Reflexión geofísica sobre los tsunamis

27/01/2005 Miguel Herráiz

La tragedia que asoló el sureste asiático a finales de diciembre está generando multitud de reflexiones que, a medida que va pasando el tiempo, nos descubren facetas nuevas de lo que ha sucedido y de su significado. Estas líneas quieren ser una aportación a esta reflexión colectiva, realizada desde la perspectiva de la investigación y la docencia en el ámbito de la Geofísica.

Sin duda la atención más importante debe dirigirse hacia las víctimas. Su número continúa creciendo y constituye una llamada para que nuestra solidaridad no se limite a la ayuda de los primeros momentos. Las cifras de víctimas que los medios de comunicación se encargan de actualizar, esconden infinidad de dramas personales que nos interpelan y nos exigen trabajar para que un desastre natural de estas características no vuelva a producir tanto daño. Como veremos más adelante, los Físicos tenemos medios privilegiados para conseguirlo.

 

Fijando ahora la atención en los aspectos científicos, podemos recordar que el terremoto de Sumatra del 26 de diciembre ha sido un fenómeno de características gigantescas que se originó al liberarse las tensiones acumuladas en la zona de subducción de la placa de India bajo la de Burma. El maremoto fue resultado de la confluencia de tres factores: falla inversa de pequeño ángulo (thrust fault) y gran longitud, localización del foco bajo el mar y a poca profundidad, y magnitud superior a 7.5. El Servicio Geológico de los Estados Unidos ha evaluado esta magnitud en 9.0, lo que representa una energía liberada equivalente a 23000 bombas de Hiroshima. Las dimensiones de la zona de ruptura se han estimado en 1200-1300 kilómetros en la dirección paralela a la fosa de Sunda (que señala el inicio de la subducción) y en otros 100 en la dirección perpendicular a ella. Se calcula que el plano del bloque situado sobre la falla se ha levantado varios metros y se ha desplazado unos 10 en sentido oeste-suroeste. El terremoto ha afectado al conjunto del planeta. Resultados teóricos (todavía sin comprobar con observaciones) indican que el achatamiento de la Tierra ha disminuido y la duración del día se ha acortado más de 2 microsegundos. Con todo ello, debemos ser conscientes de que este terremoto no es el más grande registrado hasta la fecha. A lo largo del siglo pasado ha habido en el mundo otros 4 del mismo o mayor tamaño siendo el de Chile de 1960, con una magnitud de 9.5, el más importante. Los estudios actuales de peligrosidad sísmica indican que hay zonas del planeta donde se están acumulando tensiones capaces de originar terremotos de magnitudes similares. La vigilancia, por tanto, debe incrementarse.

 

Los datos que hemos expuesto plantean el interrogante de si un terremoto de estas características y el maremoto originado podían haberse previsto. La respuesta debe enmarcarse en el estado actual de los estudios de predicción sísmica que consideran prácticamente imposible determinar cuándo va a ocurrir un terremoto y se orientan más a estimar dónde puede suceder y qué magnitud puede alcanzar. Aunque esta información parece un poco decepcionante, es, sin embargo, suficiente para establecer las grandes líneas de actuación para la prevención de daños. En el caso concreto de Sumatra se sabía que la zona era de alta peligrosidad ya que desde 1797 habían ocurrido 6 terremotos de magnitud superior a 7.5 y al menos 3 de ellos habían generado tsunamis. A partir de estos datos la amenaza estaba suficientemente evaluada. Lo que ha fallado ha sido la prevención de daños. Y esto no sólo porque en la zona no existiera una Red de Alerta de Tsunamis (algo que, sin duda, es urgente instalar) sino también por la influencia de otros muchos factores: no existía un sistema adecuado para hacer llegar la alarma a la población de las zonas en peligro; se había construido dónde y cómo no se debía; se habían destrozado las barreras naturales de los manglares para establecer cultivos de camarón; gran parte de los habitantes no tenía conciencia del peligro y no supo interpretar lo que anunciaba la retirada del agua en las playas; no se habían realizado mapas de riesgos naturales, etc. Es verdad que estos factores no siempre han coincidido en todos los lugares afectados y que su acumulación resulta insuficiente para explicar la elevada tasa de daños, pero sin su existencia las cosas hubieran sido diferentes.

 

Esta llamada de atención tiene también vigencia para nuestro país en el que el peligro de sismos y maremotos, aunque moderado, es real. No se puede olvidar que el terremoto del 1 de noviembre de 1755, conocido como Terremoto de Lisboa, produjo un maremoto que asoló las costas de Marruecos, sur de Portugal, Huelva y Cádiz causando en nuestro país más de 1200 muertos. Muchos de ellos fueron víctimas de la curiosidad y el desconcierto provocados por la retirada del mar en la playa antes de la llegada del tsunami. La instalación de un Sistema de Alerta en el Atlántico y la educación en estos peligros son, por tanto, necesidades urgentes. La vigilancia debe extenderse a las costas mediterránea y balear donde también se ha observado la llegada de olas generadas por sismos con epicentro en el mar en las cercanías de Argelia. Además, la vulnerabilidad ante esta amenaza aumenta porque nuestra sociedad tiene escasa conciencia del peligro sísmico ya que, por fortuna, los terremotos catastróficos se distancian mucho en el tiempo (el último fue el terremoto de Arenas del Rey, Granada, de 1884).

 

En este objetivo de conseguir que en el campo de los riesgos naturales las cosas sean diferentes, los Físicos tenemos mucho que aportar. De una manera específica a través de la docencia, la investigación y el ejercicio profesional en campos relacionados con ellos, en particular, la Geofísica y la Meteorología. Estas materias se imparten en varias Universidades y, en la Complutense, constituyen orientaciones completas además de un Programa de Tercer Ciclo organizado conjuntamente con las Universidades de Zaragoza, Granada y Castilla-La Mancha. En la actualidad, gran parte de la investigación en España en el ámbito de los riesgos naturales está liderada por Físicos cuya presencia, limitándonos al campo de la sismología, es mayoritaria en muchos grupos de investigación de las Universidades y del CSIC dedicados a esta parte de la Geofísica. Los Físicos de las especialidades mencionadas desarrollan un papel fundamental en el Instituto Geográfico Nacional y en el Instituto Nacional de Meteorología, habiendo contribuido en gran medida a la elaboración de la actual Norma de Construcción Sismorresistente. También es importante su trabajo en temas de Ingeniería Sísmica tanto para la empresa privada como para instituciones y organismos públicos: ENRESA, Consejo de Seguridad Nuclear, Protección Civil, etc.

 

Por último quiero subrayar el importante papel que en este ámbito se puede realizar desde la docencia en la Enseñanza Secundaria Obligatoria y en el Bachillerato. La Física, y otras asignaturas impartidas muchas veces por Físicos como Ciencias de la Naturaleza, son una ocasión privilegiada para educar en la prevención de los riesgos naturales. El caso de la niña inglesa de 10 años que, en el terremoto de Sumatra, salvó a su familia al alertarles de que los fenómenos que estaban observando en la playa coincidían con los que su profesor había descrito en una clase al hablar de los tsunamis, es suficientemente elocuente


Miguel Herráiz



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