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De Astrofísico licenciado a Director Comercial de Software y de seguridad común

30/11/2004 Carlos Gracia Armendáriz

Quisiera recordar que aunque tenemos una mente muy bien amueblada, no estaría de más pasarse por una escuela de negocios y acceder a un programa de formación que, aún teniendo en cuenta el precio, son inversiones con claros retornos. Lo digo por experiencia.

Tratando de ser honesto, debo reconocer que ignoro si la política del “5” como calificación satisfactoria sigue siendo habitual en nuestras aulas. Imagino que sí, y quisiera señalar el daño que nos produce esa norma no escrita por la cual un 5 refleja algo “bien hecho”. Mis estudios preuniversitarios los hice en México, de donde obtuve calificaciones de media 9. Sin embargo, gracias a los muchos cincos de mi carrera (dificultada ésta enormemente por la diferencia de nivel preuniversitario, hasta el punto de recibir consejos de un profesor de abandonar la misma) no pude optar a una plaza de investigador en el Instituto de Astrofísica de Canarias en colaboración con la universidad de Berkeley en un precioso proyecto relacionado con detección de supernovas extragalácticas.

 

La universidad americana me facilitaba el 50% del presupuesto, siempre y cuando “alguien” en mi país subvencionara ese otro 50%. Aquello quedó desierto y, recientemente, he leído que el telescopio automático objeto del proyecto estaba ya dando resultados de interés para la comunidad internacional, llevado exclusivamente desde USA.

 

No trato con estas notas reflejar los conocidos fracasos sostenidos en política de inversión en áreas de investigación de nuestro país, sino en el cómo un físico puede “salir a flote” en diversos campos del mercado laboral renunciando, eso sí, a la investigación a la que todo (o casi todo) estudiante aspira. Por ello, no voy a insistir en mis trabajos de investigación como físico sino a mis pequeños éxitos como profesional en otras áreas donde un físico debería tener un ojo puesto. Especialmente en estos momentos, cumpliendo casi los 40 años de edad, conozco algunos prometedores caminos sin salida y otros más seguros, que quisiera compartir con los lectores de este breve artículo.

 

Para empezar deberíamos reconocer que los físicos tenemos, como se dice, la cabeza “bien amueblada” y, (como estamos entre colegas no va a sonar a arrogancia) una enorme capacidad de abstracción, aprendizaje y adaptación. Es como si en cierto sentido nos diera igual las gráficas de las señales de la SETI como las del comportamiento de la bolsa, si hubiera que hacer algo con ellas. No obstante, el perfil de Físico adolece de algunas de las facultades de otros profesionales como nuestros vecinos los Ingenieros de quienes deberíamos aprender lo bueno de ellos: Mayor presencia en la industria, mayor pragmatismo y, por qué ocultarlo, mejor marketing.

 

Muchos de nosotros (yo incluido) hemos dado un giro más o menos brusco a nuestra formación para trabajar en Informática. Cuando yo empecé mi vida laboral, como responsable de informática de la oficina de Rabat del ICEX (durante año y medio) implantando una plataforma hoy en día obsoleta, lo único que conocía de informática era programación en Fortran 77 y algunos comandos de MS-2. De allí pasé a la oficina de New York donde (de nuevo con autoformación) me comía los libros del entonces inminente Internet y me centré en desarrollo, durante mediados de los 90.

 

Posteriormente trabajé para el ICEX durante unos tres años (incluso creando mi propia empresa). Descubrí entonces que un desarrollador puro siempre era sospechosamente joven, por lo que cursé un Master en el Instituto de Empresa, para cubrir esas áreas de gestión que podrían abrirme puertas más ambiciosas. Efectivamente, finalizado el curso del IE, pasé a Director de Informática de una multinacional de minería (15 compañías en 7 países) y de allí a Informática El Corte Inglés en áreas de preventa y jefatura de proyectos. Desde hace cuatro años trabajo en el último eslabón de la cadena; las empresas fabricantes de software, en el área comercial.

 

He conocido por tanto el “cliente” (ICEX, Minería), la “consultora” de grandes proyectos (IECISA, entre otras) y diferentes “fabricantes de software” que permiten al consultor ofrecer una solución mixta entre desarrollo y productos para un problema de negocio particular. Ahora soy director comercial de área de la compañía FileNet para los sectores Banca y Seguros en España y Portugal.

 

En las pocas líneas que me quedan quiero, no sugerir, sino convencer a los físicos que se embarcan en carreras laborales de informática de varios aspectos: El primer perfil que apetece (y el más tentador para un corazoncito investigador) es el de desarrollador. Está muy bien, pero requiere estar constantemente a la última y a partir de los 30 empieza a ser difícil mantenerse con vida en una compañía con este perfil. La línea alternativa entonces puede ser la de moverse hacia Jefe de proyecto, que requiere no tanto “cada vez más” sino “cada vez mejor”; El grado de especialización aquí es importante, aunque la vida de un Jefe de Proyecto no suele superar los 35-40. ¿Y al final, de qué viven las empresas?. De las ventas, de los ingresos, en definitiva, de los comerciales. En una compañía fabricante como la mía (como Microsoft, Oracle, SAP) o en un integrador (como Accenture, Bearing Point o IECISA) el comercial es quien da sentido en las compañías.

 

Para finalizar, quisiera recordar que aunque tenemos una mente muy bien amueblada, no estaría de más pasarse por una escuela de negocios y acceder a un programa de formación que, aún teniendo en cuenta el precio, son inversiones con claros retornos. Lo digo por experiencia. Me he ido formando en aspectos comerciales y de gestión y los resultados son básicamente que “he salido a flote”.

 

Debo reconocer al lector que de vez en cuando me apunto a un curso organizado por el COFIS, o me compro en Amazon un libro de geometría diferencial por que mi trabajo es tan estresante como trivial mentalmente hablando, y también hay que hacer que el cerebro funcione de verdad, pensando en cosas serias y no dejando que se oxide. La vida real resulta agobiante, pero es, a mi juicio, demasiado simple, y a menudo siento la necesidad de pensar y disfrutar del placer que produce una buena lectura de alguna de nuestras materias, de nuestros mejores libros y, por qué no, de nuestros apuntes de clase.


Carlos Gracia Armendáriz



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